Aún recuerdo sus besos y sus labios cortados por el frío, sus pequeñas ganas de tenerme y también como celebraba las primeras semanas de noviazgo, su portal y unas tardes vacías de aprecio, nuestras miradas y todas aquellas conversaciones telefónicas; juro que nunca me voy a olvidar de todo lo que pasé con ella en un mes y medio. A veces pienso que me merezco su rechazo, porque fui yo quién la dejo ir, pero no era mi culpa, necesitábamos crecer tanto la una como la otra y aún sigue sin ser nuestro momento, quizá ahora la situación es alarmante para sentimientos, y probablemente ahora mismo piense que jamás pasará lo que hemos soñado juntas, no sé si por terceras personas o por el simple hecho de que nos dimos cuenta de que los amores adolescentes se quedan en la adolescencia y cuando creces se quedan clavados en un margen de tu historia a lo largo de la vida.
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