Me di cuenta de que quizá si bebía más podría besarte demasiado pronto, terminé por decidir que mejor no lanzarme a tus brazos, ni a tu lengua tan rápido. Pensé que era mejor dormir esa noche en mi cama, con más ganas de ti.
Cuando me di la vuelta, estaba mezclando mi saliva con la tuya, y tu mano estaba debajo de mi camisa. Quede apartada mirándote y mordiéndome los labios, y tus ojos me invitaron a la lujuria.
¿Qué dirías si te digo que me lleves a la cama?
Necesito que me humedezcas el alma, que me respires en la nuca, que me rompas las ganas.
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